La violencia de género hacia las mujeres mayores sigue estando invisibilizada y normalizada. Las mujeres de más edad «enfrentan barreras específicas derivadas de su contexto generacional, su posición en las estructuras familiares y comunitarias, y las dinámicas de poder patriarcales y edadistas que perpetúan la violencia», introduce el informe del proyecto Hoja de ruta para el acompañamiento y atención a mujeres mayores sobrevivientes de violencia de género. En ello influyen numerosos factores: la dependencia económica y emocional, la normalización histórica de los roles de género y de múltiples situaciones de abuso, la falta de recursos y de políticas públicas que hagan frente a estas problemáticas.
En Cantabria, en los últimos años, es en mejorar la prevención, la detección y la atención a las mujeres sobrevivientes de estas violencias sonde se está poniendo el foco. Y, desde la UNATE, con el apoyo de la Dirección General de Inclusión Social,
Familias e Igualdad vienen impulsando el diseño de una hoja de ruta que genere las bases para una intervención social coherente y con sentido en este ámbito.
Cuatro fases han dado vida a este proyecto. A través de encuentros de sensibilización sobre violencia de género a personas mayores de 60 años por todo el territorio cántabro, entrevistas en profundidad a mujeres mayores sobrevivientes de violencia de género y el trabajo de un grupo motor con profesionales para revisar la hoja de ruta anterior (2024) y reordenar las prioridades, Mónica Ramos Toro y Mayra Lucía Sánchez Mora han recogido las claves para esa hoja de ruta en continua transformación para el acompañamiento y la atención a las mujeres.
Mujeres mayores de Torrelavega, Santander, Liencres, Maliaño, Astillero… prestaron su tiempo y su memoria para compartir y repensar sus vivencias y contribuir así al ejercicio de reflexión que Ramos y Sánchez plantearon. «Las trayectorias de Orquídea, Gardenia, Magnolia, Dalia, Camelia y Lirio muestran que el acceso a la justicia para las mujeres mayores no se limita a la posibilidad formal de denunciar, sino que depende de la existencia de redes de información, apoyo emocional y acompañamiento continuado que les permitan transitar del reconocimiento del daño a la reparación simbólica y jurídica», explican las investigadoras.









