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Personas mayores en ámbitos rurales de Cantabria: derechos 2G en la era 5G’

By 15 julio, 2021No Comments

Paco Gómez Nadal, coordinador de la Fundación PEM y vicepresidente de UNATE, la Universidad Permanente,  participó en el programa La España vaciada de la Cadena SER, emitido el miércoles 14 de julio desde Valderrible. Programa completo La España Vaciada desde Valderrible

En su intervención, Gómez Nadal reflexionó sobre el papel de las personas mayores en el territorio rural.  La defensa de sus derechos y dejar oír su voz, conocer su diversidad y su realidad para evitar juicios sesgados y entender que son elementos claves de las zonas rurales.

Texto completo de tu intervención:

La Cantabria vaciada NO está vacía. Hay términos que se instalan en el imaginario colectivo y que abren el camino para políticas equivocadas, fragmentadas e, incluso, en algunas ocasiones perversas.

El principio que justifica cualquier proceso de colonización es el de terra nullius (o tierra vacía). Es decir, si no hay nadie, si el territorio está desierto, puedo conquistarlo. Desde UNATE, La Universidad Permanente, creemos que estamos en el momento crítico de decidir cómo son contemplados los municipios o localidades más rurales, pequeños e, incluso, aislados, de nuestra región. ¿Queremos hacer de esos territorios espacios de presente y de futuro para los que viven ahí o sólo queremos imaginarlos cómo lugares semidesiertos para atraer nueva población que colonice el territorio?

Imaginamos que para algunos la imagen del terra nullius será apetecible. Tal y como se recoge en el Programa Nacional de Desarrollo Rural (actualizado en agosto de 2020), el 84% del territorio español está constituido por municipios con menos de 30.000 habitantes y densidad inferior a 100 hab/km2 (INE, 2012), por lo que España es un inmenso territorio por colonizar donde la gente que sí vive en él, a veces, parece molestar.

No hay terra nullius en Cantabria. Podemos tener baja densidad poblacional, pero no pueblos vacíos. Pero si seguimos repitiendo el mantra de la España vaciada, desierta, colonizable, profundizaremos las brechas. Es complicado insistir a alguien que ha nacido, crecido y vivido siempre, por ejemplo, en Bustillo del Monte que, por ser cuatro decenas de vecinos, no son nadie, no son nada.

Entonces, las personas mayores que viven en ámbitos rurales son personas pero, ante todo, deberían ser ciudadanos y ciudadanas en igualdad de condiciones con el resto de vecinos de sus pueblos y con el resto de la ciudadanía de la región y del Estado. Y un mito que hay que tumbar: no suponen la mayoría. En los casos más extremos, como Tresviso, Lamasón o Valdeolea, el porcentaje es de entre el 40 y el 45 %, pero en la mayoría de municipios más pequeños estamos hablando de un porcentaje de personas mayores rozando o por debajo del 35%. Más o menos, una de cada tres personas tienen más de 65 años.

UNATE lleva 43 años en el territorio, ahora en algo más de 20 municipios de la región, y creemos tener suficiente información cualitativa para señalar algunos problemas estructurales que son los que generan el espejo del no futuro que provoca esta sensación de tiempo suspendido y de ausencia de derechos en los ámbitos rurales. Y, para lo que se está hablando hoy, las personas mayores son una clave: no por su porcentaje creciente en algunos municipios, sino porque son el espejo para los jóvenes que cuando ven a sus familiares mayores piensan: ¿si mi vejez va a ser así, sin derechos y plagada de trampas, por qué me voy a quedar aquí, por qué seguir envejeciendo donde soy paisaje o la nada?

Las personas mayores de la Cantabria rural, con toda su diversidad, son ciudadanos con derechos 2G en una época de obsesión por el 5G, en el que todo parece solucionarse con la llegada de la fibra y de un cajero automático, cuando deberíamos evitar la huida de los que pueden utilizarlos.

Veamos. En general, algunos aspectos negativos de lo que supone vivir en ámbitos rurales con más de 65 años:

No tener servicios de salud públicos constantes, completos y cercanos.

  • No tener derecho al ocio ni a la cultura más allá del mando del televisor.
  • No tener servicios de movilidad intramunicipal ni intermunicipal. Dejar de conducir es una condena y seguir conduciendo es aumentar el riego por accidente al extremo.
  • No tener servicios sociales suficientes ni diversificados
  • Dificultades superiores a las de la ciudad para los servicios de atención a la dependencia y la promoción de la autonomía personal.
  • En caso de urgencias, dificultades extremas para la movilización.
  • Dificultades máximas en el caso de acceso a la justicia o a otros pilares del Estado de derecho (gestiones en consejerías, gestiones que ya sólo se hacen mediante plataformas digitales, etc)
  • Ausencia de servicios privados que gestionan derechos básicos (telefonía, correo postal y mensajería, servicios especializados de salud, reparaciones y adecuaciones básicas en el hogar, etc…)
  • Escasez o ausencia de espacios de socialización y desarrollo personal (o centros de día –en el mejor de los casos-, o residencias –en el menor de los casos- o la nada)

Más allá de la dificultad del acceso a estos servicios básicos de cercanía, que supone una vulneración a la igualdad y al ejercicio de los derechos fundamentales, hay además una estigmatización en el relato general que es extremadamente grave para la autopercepción de las personas que viven en la España Ignorada:

Por un lado, el endiosamiento del modelo de desarrollo urbano e industrializado ha enquistado una estigmatización de “lo rural” que vienen de lejos. La imagen de la vieja de pueblo con pañuelo y vestida de oscuro o del hombre rudo algo ignorante pero enternecedor recorre la publicidad, las viñetas de humor, los programas de televisión, el imaginario colectivo.  Hay demasiados programas de TV como El Paisano, Rutas Bizarras –una vergüenza desde el punto de vista narrativo- o Especiales informativos en los que los problemas y las soluciones siempre se sitúan en lo productivo y sólo en lo productivo. Pero quiero señalar aquí un ejemplo de que el empleo no es lo único que anhelan las personas que nacen en uno de estos municipios: En Mataporquera hay fuentes de empleo pero no hay estímulos para la vida plena por lo que ya los empleados de la cementera originarios del municipio son una anécdota y casi sin excepción, ninguno de los trabajadores reside en el pueblo.

El imaginario generalizado de lo rural hace que cuando el turista urbano llega a estos entornos busca lo ‘auténtico’, es decir, lo atrasado. Las personas se convierten en paisaje o en atrezzo de un parque temático en el que el turista y el teletrabajador neorural no pueden integrarse porque no vienen a integrarse, sino a vivir una experiencia “peculiar” de fin de semana o a instalarse en un paraje auténtico donde buscan el silencio y la paz que la mitificación de lo rural le ha trasladado.

Además, las personas mayores soportan otros estigmas que se construyen con mensajes subliminales que se repiten y que parte de una combinación del edadismo (discriminación por edad) y del modernismo (una sola idea de lo que es modernidad y progreso). Eso nos lleva a:

  • La imagen fosilizada de la persona mayor
  • La imagen exotizada de la persona mayor rural
  • El mensaje de las vidas amortizadas

Lo terrible de este cuadro que les comparto es que muchas de las personas mayores de los ámbitos rurales también lo compran. Ven o escuchan horas y horas de televisión y de radio que les hablan de otro mundo (del urbano) en el que ellos son un espectro difícil de asir. Por tanto, sólo reclaman cuando la situación es extrema.

Creo que el mejor ejemplo lo tuvimos hace sólo unos días cuando en Serdio, unas familias impidieron el derribo de un ruinoso puente de ADIF. Se ha contado como una anécdota, como el brote violento de habitantes de estos territorios rurales y, por tanto, algo atrasados, pero lo que yo vi es el grito desesperado de quienes no merecen la reparación de una infraestructura precaria sin la cual estarían obligados a recorrer ocho kilómetros más para garantizar el sustento y la vida.

El estallido tienen múltiples causas y ninguna de ellas suele tener que ver con internet (aunque hay que garantizar el acceso universal y de calidad a este servicio de comunicación básico). La falta de servicios que señalaba antes, las dificultades de acceso a la tierra, la falta de financiación al emprendimiento agrícola, los monocultivos extensivos, las trabas burocráticas, el control de precios de los grandes distribuidores… Son múltiples factores lo que explicaría, tal y como refleja el análisis de la Estrategia España 2050 del Gobierno nacional, que para ese año, 2050, se prevea que pasemos de tener el 80% de la población en núcleos urbanos al 88%. Es decir, el problema sigue siendo el éxodo forzado y la estrategia acepta que “lo más probable es que en 2050 viva menos gente en la España rural que hoy día.  Pero, si desarrollamos un modelo territorial más integrado y equilibrado y sabemos aprovechar  las oportunidades de tendencias como la digitalización, la transición ecológica o el cambio  demográfico, quienes lo hagan, podrían vivir mejor que ahora”.

¿Qué hacer?

No hay ninguna solución fácil ni uniforme. Hacer políticas públicas para colectivos homogéneos (Las Personas Mayores, con mayúscula; la Población Rural… La España Vaciada) es eficiente desde el punto de vista económico y fácil, desde el punto de vista técnico, pero es desastroso desde el punto de vista humano, porque homogeneiza lo que es diverso, porque invisibiliza las millones de casuísticas que contienen los territorios. También es cierto que pareciera que todos los esfuerzos están centrados en conectar mejor las zonas de la llamada España Vaciada para que los neorurales puedan trabajar a distancia o para que los habitantes de estos municipios puedan participar de la silver economy (como se dice en la Estrategia nacional a 2050). Es decir, seguimos poniendo a los ámbitos rurales en función de las ciudades. Eso no es equilibrio. Por eso, apuntaríamos algunas ideas que debería ayudarnos a repensar cómo queremos que sea la Cantabria de 2100 y comenzar a trabajar para que así sea.

Estas serían algunas de esas ideas fuerza:

  • No centrar todas las acciones en lo productivo (no todo es internet o cajeros automáticos)
  • Iniciativa agresiva en materia de relato-de narrativas
  • Lucha contra el edadismo
  • Acercamiento de los servicios públicos y exigencia de servicios privados de calidad en lo esencial
  • Iniciativa novedosa y agresiva respecto a la movilidad
  • Participación de las personas mayores en el diseño de las soluciones a futuro (muchas tienen el bagaje y la experiencia necesarias)
  • Contemplar la diversidad de las personas, de los ámbitos rurales y cruzar sus necesidades con los deseos.
  • Generar espacios de aprendizaje intergeneracional en el que las generaciones más jóvenes puedan aprender de las más maduras y viceversa.
  • Crear medios de comunicación en los ámbitos rurales que hablen de lo propio sin dejar de hablar del mundo al que pertenecen.
  • Aprovechar y poner en juego el patrimonio inmaterial que atesoran muchas personas mayores de los ámbitos rurales en los campos de la economía, las prácticas comunitarias, la ecología y la cultura.

La Cantabria rural no es un territorio desierto, sino una conjunto de espacios diversos, ricos en patrimonio, llenos de potencialidades y con planes de futuro. Más allá del turismo y del teletrabajo hay propuestas y proyectos propios de las gentes que habitan la que algunos llaman la España Vaciada y que está repleta de anhelos, aunque sea con una densidad menor, y por tanto más sana, que la de las ciudades. El reto es ver y escuchar a los que están para que no se vayan. Después, llegará el momento de los que están por venir. Si cada vez que cierra una escuela en un pueblo se condena el futuro, cada vez que se cierra un centro de mayores se sepulta el presente. No nos podemos permitir ni lo uno, ni lo otro.